sábado, 9 de julio de 2011

Sobre Repertorios y Aperturas (I)

Muchos alumnos que he tenido (y tengo), por no decir la mayoría, viene a mi con la clara idea de querer aprender aperturas. Algunos me dicen que quieren aprender esta o aquella variante, pero otros simplemente quieren aprender aperturas. Lo que ellos quieren es saber TODAS las aperturas. Obviamente, yo les explico que eso es imposible. Entonces los trato de convencer de que con tener un repertorio, con saber sólo una (o dos) variantes contra cada apertura es más que suficiente. Y aunque no siempre puedo convencerlos del todo, nos ponemos manos a la obra. Pero ahí es cuando surge otro inconveniente. ¿Qué aperturas, qué variantes debo enseñarle? Esta tarea a veces es prácticamente imposible, considerando que el alumno tiene muy pocas o ninguna partida pensada jugada. Con tan poco material de estudio, es difícil saber su estilo de juego, sus preferencias, cuales son sus puntos débiles y fuertes, etc., etc. Y así es difícil escoger lo más correcto para él.
Los que me conocen saben que no soy muy amante de las aperturas. Aunque ahora le dedico tiempo, en mis primeros años de competencia no era para mi una molestia no conocer nada de teoría. Yo sólo miraba partidas (actuales o antiguas) y seguía las aperturas que se jugaban allí. Y no conseguía malos resultados de esa manera. Incluso llegué a ganar muchos premios de categorías y llegué a la primera categoría del Club Argentino de Ajedrez, ¡y la gané!
Siempre recuerdo con gusto como en el primer Torneo Internacional de Mar del Plata en el que participé (allá por el 2008), después de ganar mi primer partida subí rápidamente a la segunda mesa y me enfrenté al MI (GM actualmente) paraguayo José Cubas. Yo jugué con Blancas y el MI me planteó una Defensa Francesa. Salí bien parado de la apertura, y jugué un buen medio juego. Hubieron algunas complicaciones y llegamos a un final de caballos igualado. Pero yo quedé muy apurado de tiempo y me dejé colgado un caballo. Con una pieza de menos tuve que abandonar. Obviamente, me dolió mucho perder así, más teniendo en cuenta mi rival. Pero en el post-mortem, Cubas me pregunta de donde saqué la variante que jugué. Aparentemente, era una variante que él no conocía, aunque para mí era muy natural. Cuando le dije que la saque de los libros de Grau (el famoso Tratado, prácticamente obligatorio para cualquiera que quiera aprender y mejorar su juego), me miró con una cara de sorpresa, que aún hoy no puedo olvidar. Moraleja: jugué una variante totalmente en desuso (pero no por ello menos fuerte) y logré quedar muy bien parado contra un MI. ¡Nada mal para un chico de una fuerza de 2000 puntos de Elo aproximadamente!
Mis éxitos en los torneos sin saber aperturas no se debían a que era un genio o un superdotado (es obvio que no lo soy), sino a que tenía mucha fuerza en el medio juego (en relación con mis rivales que aquél entonces). En aquél periodo, era muy común que saliera inferior de las aperturas (incluso con blancas), pero luego mis rivales no sabían como imponer su ventaja. Y yo, utilizando el cálculo y mi mejor comprensión de las posiciones que se originaban, lograba revertir la balanza, y muchas veces empatar y hasta ganar partidas que empezaron siendo inferiores. Lo que pasaba, y sigue pasando, es que muchos se dedicaban a estudiar sólo aperturas, y después no sabían que hacer. En cambio, yo estudiaba el medio juego, y por lo tanto tenía mejores armas para el resto de la partida.
Y ahora que veo las cosas desde otro lado (como profesor y como mejor jugador), todavía me sorprende como jugadores que están en cuarta o tercera categoría juegan bastante teoría. Pero llegado el punto en donde se les acabó la teoría empiezan a hacer horribles jugadas posicionales, o directamente colgadas de piezas. Y al perder la partida se dicen que necesitan estudiar más aperturas, que deben saber una jugada más de teoría. Pero lo único que hacen es alargar una jugada más sus errores. O a veces peor, deciden que la apertura en cuestión no les gusta, y deciden cambiarla por otra. Y así se convierten en jugadores que estudiaron todas las aperturas, variantes y sub-variantes conocidas, pero que pierden y “no les gusta” ninguna. ¿Me parece a mí o este proceder es muy ilógico?

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