martes, 14 de agosto de 2012

Sobre la Belleza en Ajedrez

Un extracto para armar polémica:

"Como se ha visto, gané la partida con muchos sacrificios, y merecía los honores de que fuera publicada en todas partes, pero no siento orgullo por ella. Cometí en las jugadas iniciales del planteo una falta en una posición que creo ganadora, y la consecuencia fue que para enmendar la falta y ganar tuve que abandonar el juego de posición para buscar combinaciones. Si no hubiera cometido el error estratégico de la apertura, el ataque de las negras nunca hubiera sido peligroso y no me hubiera victo en el trance de tener que hacer sacrificios para continuar el ataque. De modo que la combinación fue sólo la consecuencia del error.
No cito esta partida por ella misma, sino porque ocurre lo propio con casi todas las combinaciones brillantes.
En las partidas de unidad de acción las combinaciones se presentan naturalmente, sin constituir una obligación. Me será permitido usar una imagen que tal vez parezca muy poética. Sin embargo, no es por su poesía que la empleo, sino para dar más claridad a la idea que quiero expresar.
Compararé una partida de ajedrez, la evolución del juego, con el nacer y vivir de una planta. Lo que el profano más le entusiasma en una planta, es la flor, e igualmente, en una partida de ajedrez, al neófito le placen más las combinaciones, las brillanteces. Pero quién ame la naturaleza de todo corazón, tendrá más alegría viendo nacer y crecer a la planta toda. Para él, la flor será sólo el resultado natural de esa evolución. Por eso un entendido del ajedrez siente más placer siguiendo todo el desarrollo, la estructura, la armonía de una partida, que no contemplando las combinaciones que broten de ella como una mera consecuencia natural.
Las flores que a primera vista parecen más hermosas, no son las flores normales, sino productos de un cultivo artificial, como por ejemplo, las rosas de invernáculo. Sin embargo, al verdadero amigo de la naturaleza esas flores le parecerán siempre demasiado llamativas, hallará en ellas una violación de la naturaleza, que más bien le resultará dolorosa que atrayente. Igual le pasará al verdadero entendido del ajedrez con las combinaciones brillantes y demasiado lúcidas, que constituyen la alegría de los profanos, éstas muy raras veces constituyen el resultado de una partida normal, y generalmente se producen cuando la partida no ha seguido su verdadera cause por causa de un error cualquiera. Y el verdadero conocedor del ajedrez encontrará esas combinaciones demasiado artificiales, para poderlas gozar en el verdadero sentido de la palabra."

Ricardo Reti, Curso Superior de Ajedrez (basado en las conferencias dictadas en Buenos Aires en Noviembre y Diciembre de 1924), 1925

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